Comentaba en algún otro artículo, lo importante de ser muy conscientes de las independencias entre los diferentes órganos que tenemos que ejercitar en la fonación, en mayor medida cuando cantamos.
Hablamos hoy del labio inferior y de alguna de sus peculiaridades que se dan en algunos alumnos.
Una voz engolada tiene una serie de factores que le hacen ser de dicha manera y, uno de ellos, es una falta de independencia entre el labio inferior y la mandíbula.
Si hacemos descender bien la mandíbula, a la vez que la parte trasera de la lengua y no hacemos lo mismo con el labio inferior, sobre todo en vocales como la “a” o la “o”, tendremos muchas posibilidades de que el resultado de emisión con dichas vocales sea un sonido engolado.
Hay alumnos que comienzan la bajada de la mandíbula, junto con la parte trasera de la lengua y el labio inferior de manera sincronizada, pero llega un punto, en que la mandíbula continúa bajando y el labio inferior se detiene, tensándose éste, debido a la posición de la mandíbula más baja. Esto crea una apertura de la boca incorrecta, dando como resultado en la mayoría de las ocasiones, un sonido engolado.
Esta situación hace que el alumno se oiga mucho, pero el sonido no corre, teniendo a su vez muchas posibilidades de dañarse. Además, crea una tensión muscular alrededor del aparato fonador nada buena y agotadora.
Es evidente que, si estamos haciendo una apertura de la boca, con un descenso de la mandíbula tan pronunciado y un movimiento acompasado y adecuado de la lengua, es porque casi seguramente estaremos afrontando una nota extrema, y con tanta tensión muscular alrededor de nuestro aparato fonador, la voz no tendrá fácil dar dicha nota extrema, y mucho menos que el sonido sea correcto.