Aunque no te lo creas, te da vergüenza hablar bien y te da vergüenza cantar bien.
Hablar o cantar bien, es hacer ambas cosas sin hacerte daño.
Ese daño es tanto físico como psíquico, realmente suele ir uno acompañando al otro.
Si uno habla mal, si no se nos entiende bien, si nos cansamos mucho al hablar, si no transmitimos de la forma que teníamos pensado hacerlo, intuimos que podemos tener un problema, pero esto no nos avergüenza de cara a los demás debido a que no está considerado del todo mal por estos.
Si nos gusta cantar, si es importante para nosotros hacerlo, pero nos hacemos daño al intentar cantar, si chillamos como los que nos rodean cantando, si casi que me escondo en el grupo y asumo lo que me dicen: que yo mejor detrás o que mejor no cante; no nos avergüenza mucho, se va asumiendo, uno es así…
Pero, aunque en un principio, uno crea que las cosas tienen que ser así, porque lo dice la ignorancia reunida, (mala es la ignorancia, pero ya reunida…). Si a uno le da por romper con el consenso de la ignorancia, aunque solo sea por molestar y requiere otra opinión al respecto, será el momento, siempre que sea adecuadamente guiado, no se nos olvide esta salvedad, como decía, será el momento en que nos empezaremos a dar cuenta de que nos da vergüenza hablar o cantar bien y no nos da vergüenza hacerlo mal.
Esto es duro y gratificante a la vez. Esto es un enfrentamiento con uno mismo en toda regla.
No es de extrañar esta situación, el rebaño es abundante, grande, muy grande y poderoso y nos hemos salido de él, al menos en este aspecto y eso es duro, en un principio al menos.
Lo normal, aunque nos extrañe lo que voy a decir, es hablar mal y cantar peor y ello está instaurado como normal.
Con lo cual, no tiene nada de extraño que, si comenzamos a hacer las cosas correctamente a la hora de hablar y de cantar nos digan, como mínimo, que no somos normales ni actuamos como tal.
Estaremos remando contra corriente.
Si bien es cierto que siempre será mucho más fácil hablar y cantar bien que hacerlo mal, no hay que olvidar que, si la mayoría lo hace mal, al menos en un principio, no nos van a entender.
Pero quizás lo más importante de todo, en mi opinión, no es que no nos entiendan a nosotros, lo más importante es que nosotros empecemos a no entenderlos a ellos.
Si comenzamos a no querer entender lo que se hace mal y empezamos a distinguirlo, comenzaremos a saber dónde podemos y debemos estar.
Es importante saber que esto no es una cuestión de grupo y menos de rebaño, es una cuestión individual y ahí puede que esté el problema en relación a ciertas actitudes, que no aptitudes, mal interpretadas como carencias, ocultando estas a su vez las muchas virtudes en todos los sentidos, que podemos desarrollar como persona.
Estoy totalmente de acuerdo con Eduardo.Mi hija tiene síndrome de Down y él le está enseñando a cantar. Ella quería ir a canto,desafinaba tanto y no vocaliza bien, que creía que sería imposible.
Los cambios son impresionantes no solo en la afinación,le está sirviendo para aprender a utilizar la parte de atrás de la garganta y la lengua.Y con ellos mejora también su habla.Estamos todos encantados.