Hace unos días, en un ensayo de grupo coral, me hacía una observación una coralista en relación a que en lo que estábamos cantando, había un símbolo de piano y no lo habíamos realizado y además yo estaba matizando otro tema que no era este.
La coralista tenía razón y la observación era buena, pero… a destiempo, bien es verdad que sin ella saberlo y realizada con toda la buena intención del mundo con el afán de aprender.
Yo le contesté, algo que ahora explicaré y al final… comenté que «no anticipemos el carro a los bueyes«, esto ¿por qué?
Pues la explicación que di, y que comento a continuación, es la siguiente.
Si estamos cantando, lo primero que tiene que suceder es que haya voz, y la suficiente, con su volumen mínimo correspondiente.
Si no hay voz, ¿qué vamos a matizar?
Si tenemos que cantar y no hay un mínimo de voz… no hay nada de nada.
Lo he comentado en otras ocasiones y lo vuelvo a repetir.
Me encuentro en un concierto en una iglesia, esta iglesia es grande, bien es cierto, y en la primera parte del concierto yo estoy situado en la parte más atrás de ella.
El número de coralistas se aproximaba a los cien.
Yo desde esta posición en la que estaba sentado, la mayoría de las frases no las oía, y para qué decir, entender.
Cuando hubo un pequeño descanso, aproveché y me pude poner en la mitad de la iglesia, oía bastante más y entendía algo más, pero… poco más en cuanto a entender.
No hacía mucho, había podido escuchar cantar en el mismo lugar a una sola persona, muy bien preparada, sin lugar a dudas, pero una sola persona cantando ante cerca de cien.
Eso sí, a lo lejos y luego más de cerca, podía ver a la dirección haciendo mil gestos de todo tipo, me imagino que como suelen decir, para hacer matices…
Y digo yo.
SI NO HAY VOZ, ¿QUÉ MATICES VAMOS A HACER?