En el artículo de hoy, podemos enumerar una serie de defectos básicos que se comenten en la locución, como decimos son básicos y sencillos de solucionar y una vez solventados, la locución será correcta en las formas y mucho más sencillo de entender el contenido.
En primer lugar, no se tiene adquirida una correcta frecuencia respiratoria, ni tan siquiera se sabe lo que esto es.
Es tan sencillo como saber dónde tengo que coger aire, dónde parar de manera correcta, sin que ello influya en el contenido de la frase, por ejemplo, no romper una palabra o una frase desvirtuando su mensaje.
En segundo lugar, no se sabe bien qué tono tengo que darle a la locución y tampoco qué ritmo, con lo cual, siempre hago lo mismo, no sólo con diferentes textos, sino también con diferentes frases, que eso se nota más, y acabamos haciendo con ese mismo ritmillo una cancioncilla del texto que estamos locutando.
Al no saber bien los tonos en los que podemos locutar, terminaremos bajando más de la cuenta y el sonido terminará en el cuello, sin calidad ninguna, ininteligible y en muchas ocasiones, desagradable.
En tercer lugar, una mala utilización de nuestra mandíbula, nuestra lengua y, por ende, de nuestra laringe.
Ejecutamos una locución con excesiva influencia labial.
Estando fuera de nuestro tono más cómodo, debido a que no sabemos bien cuál es, y con esta influencia labial, fuera de un rango cómodo para la voz, es muy contraproducente, genera demasiada tensión muscular alrededor de la mandíbula y en el cuello, siendo agotador y bastante dañino dicho procedimiento.
Todo lo anterior, también conlleva una mala pronunciación que dificultará la transmisión correcta del mensaje y su fácil entendimiento por los receptores u oyentes.
Sólo son unos cuantos errores básicos que se cometen en la locución, hay muchos más, pero si corregimos estos, la locución tendrá un mínimo aceptable en las formas y el contenido con lo que el mensaje llegará correctamente.
No debemos olvidar que todos estos errores se cometen en un espacio anterior al micrófono, y ni el micrófono ni los buenos técnicos que existen, pueden hacer milagros, aunque en algunas ocasiones casi lleguen a realizarlos.