Cuando se ha tenido una afección relacionada con la zona de fonación, hay que tener muy claro cuándo se puede volver a ejercitar la voz, de manera normal, tanto en declamación como en el canto.
Yo les suelo decir a los alumnos, que cuando la afección, que en la mayoría de ocasiones suelen ser resfriados y gripes etc. está en un proceso de eliminación en las vías altas y lo que queda mayoritariamente es mucosidad en esta zona, se puede comenzar a ejercitar el canto y la declamación con mucho cuidado y siempre bien guiados.
Estas clases, con estos problemas en los alumnos, son muy productivas por diferentes razones.
Se suele decir que un cantante suele dar los mejores conciertos, técnicamente hablando, cuando tiene algún tipo de afección, como las que decíamos anteriormente y en una fase leve.
Yo creo que siempre se canta mejor estando en las mejores condiciones, pero sí que es cierto que cuando se tiene algún problema de salud, como los mencionados anteriormente, sueles estar más pendiente de cosas, que cuando estás bien no lo estás tanto.
Por ejemplo, cuando un alumno ha pasado un resfriado, tiene mayor cantidad de flemas a la hora de cantar, y evidentemente, estas se hacen notar bastante más que cuando no se está en condiciones normales.
El alumno puede observar, que, si canta con más cuidado, con menos volumen, sin forzar lo más mínimo, la flema no se hace notar y el sonido es mejor.
El alumno lo que está haciendo en ese momento es ser mucho más consciente de la forma de cantar que está ejecutando, con lo cual ya es un paso importantísimo y una lección fundamental para continuar aplicando esta forma de cantar en los momentos en que se encuentre bien.
Debemos tener claro, que este tipo de afecciones, tan directamente relacionadas con el aparato fonador, son normales y su repercusión sobre él también.
Hay que tomar las precauciones necesarias, tener el descanso necesario y reiniciar la actividad de forma moderada.
Para el aparato fonador son bastante más anormales las afecciones que conscientemente le producimos, como abusar de él y no cuidarle lo más mínimo.

Recuerdo, cuando estuve recibiendo clases con Eduardo, que una vez, le llamé diciendo…
Eduardo, no voy que estoy con un catarrazo…
Me dijo, igualmente, ven.
Así lo hice.
Nunca se me olvidará esa clase.
Gracias Eduardo!