En mi opinión, ser valiente no tiene nada que ver con ser inconsciente.
He comentado en más de una ocasión, que, para cantar bien, hay que ser valiente, pero eso… valiente y no inconsciente.
También es verdad, que para ser valiente cantando, hay que tener una base en la que sustentar esa valentía o “atrevimiento sustentado”.
Me comentaba una alumna hace poco, que no se atrevía a cantar de la nueva manera que estaba descubriendo.
Esa manera, no es más, que no intentar agarrar la voz, sino dejarla libre, eso sí, todo lo guiada que tenga que estar.
Es una alumna, soprano, que estaba acostumbrada a intentar agarrar su voz y … a su vez, su voz siempre le agarraba a ella.
Todos los registros de la voz tienen que estar libres y éstos flotar en su medio de propagación. Siempre bien guiados para que adquieran esa libertad, pero eso, libres.
En los casos de sopranos y tenores, en los registros agudos, esa libertad tiene que ser el máximo exponente de la emisión vocal.
Le tenemos que guiar a la voz para que vuele, para que ese aire a presión que es la voz, vuele y encuentre su lugar de resonancia correcto y continúe volando libre por toda la sala donde nos encontremos hasta llegar a los oídos de quien escucha.
Si no la guiamos bien, no volará, no será libre, no encontrará la altura suficiente para a su vez encontrar su lugar bueno de resonancia, no correrá como puede por la sala donde se esté ejercitando su sonido y no llegará con la misma calidad, si es que llega, a los oídos de las personas que estén escuchando.
Para que la voz esté suelta, nosotros nos tenemos que soltar y ser muy libres cantando.
Los miedos atan y ante esos miedos, hay que tener una buena base donde fundamentar nuestra valentía cantando, para vencer esos miedos y conseguir un sonido libre.