Estamos llegando en este periplo del crecimiento vocal, hacia la juventud.
No es verdad que haya voces blancas, que no tengan ningún color ni características personales reseñables, las cuales les diferencien unas de otras.
No es verdad que todas las voces de los niños sean iguales.
En mi opinión, hay pocas palabras que definan peor la voz de un niño o cualquier voz en general, que la palabra “blanca”.
Cada voz es única y se diferencia claramente de cualquier otra y nunca, nunca, nunca, es blanca.
Nacemos con unas características en nuestra voz y estas se van desarrollando en el tiempo.
Nosotros somos los encargados de la utilización de esas características en nuestra voz y podemos por ello conformarla o deformarla.
Si un niño nace con una voz grave, en la juventud no va a tener una voz aguda en absoluto y viceversa.
De existir algún caso, que pudiera darse, no deja de ser una excepción influenciada por diferentes motivos a analizar, nunca son estos casos lo habitual.
Claro que se producen ciertas variaciones anatómicas en el cuerpo, pero estas, lo único que van a producir es un asentamiento de lo que se estaba conformando anteriormente.
Si se han dado las correctas condiciones en la voz del niño durante la infancia y juventud, la voz comenzará un asentamiento y una definición más completa, en su nuevo período adulto, de lo que ya venía siendo en sus anteriores periodos.
Esto aportará una mejor y más fácil comprensión de su voz, por parte del joven, a la vez de una mejor relación con ella.
De no ser así, comienzan una serie de problemas, tanto físicos como psicológicos, en relación al conocimiento y manejo por parte del joven, de su aparato vocal.
Podemos ir observando fácilmente la importancia del tiempo en la voz y sólo estamos comenzando la andadura.
Todo lo que hemos hablado sobre esto, tanto en este artículo como en anteriores, sólo está referido al correcto cuidado y desarrollo de la voz en la persona.
Hemos hablado de SALUD, de tener, mantener y disfrutar esa salud.
Esta máxima debe estar presente en primerísimo lugar siempre, hagamos lo que hagamos con nuestra voz.
Nos adentramos desde la juventud, en un periodo de una utilización de la voz muy diferente, la utilización de la voz en la persona adulta.
La espontaneidad en la voz de un niño y de un joven, suele ser alterada en la mayoría de las ocasiones por un adulto.
En el adulto también una de las causas de pérdida de espontaneidad en la utilización de la voz, es una mala influencia de otro adulto.
El desarrollo de la voz en el adulto, será directamente proporcional a cómo se haya utilizado la voz en la infancia y en la juventud.
Esto es un asunto que nos debería hacer reflexionar y mucho en relación a la calidad de docencia que se imparte, a niños y jóvenes en un principio y a adultos después, sobre la voz y su utilización.
La espontaneidad y naturalidad en el desarrollo y utilización de la voz, es fundamental en cualquier periodo de nuestra vida.
