En artículo anterior he comenzado hablando de los problemas existentes por la «desclasificación» vocal que sufre el mundo del canto.
He terminado hablando de algunas causas por las que se produce este fenómeno y ahora os cuento una de las muchas historias inacabadas de alumnos de canto a los que han engañado y engañan y lo que les sucede.
Caso típico
El alumno se matricula, tras pasar normalmente una prueba de acceso, en un centro institucional donde se imparte canto. Comienza sus clases y esta persona no tiene una voz fácil de diagnosticar en cuanto a qué tesitura tiene y dónde clasificarle.
Si el alumno tiende a ir hacia el agudo pues… agudo y si el alumno tiende a ir hacia el grave pues… grave… ¡mira tú que complicaciones!.
Así, de buenas a primeras, al alumno lo tenemos clasificado y ya… iremos viendo cómo evoluciona.
Vamos a poner que la clasificación ha sido de soprano, pues no olvidemos que es lo que más gusta.
Cuando la alumna no llega en las vocalizaciones ni al registro agudo de una soprano, podéis imaginar al sobreagudo, le empezamos a decir que bueno, es una soprano ¡corta!, vamos que no llega casi ni a la mitad de las notas a las que tiene que llegar según la «desclasificación» vocal realizada.
Todas estas valoraciones sin mencionar para nada el color de su voz
Pasado el tiempo se le va dando obras de mezzo y la supuesta soprano se encuentra más cómoda pero la pobre alumna no puede decirlo pues ya se ha hecho una «desclasificación correcta» y a ver quién lo duda.
Continúa pasando el tiempo y a esta alumna se le va dejando de lado y sobre todo no hay posibilidad alguna de que pueda conformar un repertorio. Pero va aprobando cursos, con cancioncillas, papeles secundarios… vamos, va perdiendo el tiempo cada vez más.
Llegado un momento la alumna no sabe bien lo que está haciendo, la voz lejos de progresar, retrocede y como…. es una soprano ¡corta! Pues…
Continua pasando el tiempo y termina, ¡no se sabe bien cómo! la carrera de canto.
Muchos abandonan y otros afortunadamente cursan otros estudios y esto queda para ellos como anécdota desagradable en su vida, con alguna que otra vivencia agradable si no contamos con las ilusiones perdidas y demás.
Los que terminan con la titulación y sin conocimientos para ella pues… hacen el master de «endogamia» y cuando «desclasifican» a otro indefenso ilusionado se repite el proceso.
De este viciado proceso viven muchos más de los que pensamos y también hay más damnificados de los que nos creemos.
Qué bsrbaridad…
Por estos escritos, seguro que hay personas que se salvan de ello. Gracias Ana y Eduardo!!