Recientemente me hace un alumno una reflexión pidiéndome información por si le puedo aclarar algo.
Me comenta que no entiende ¿porqué, aquí en la ciudad en que vivimos, hay tanta cantidad de coros constituidos y en la mayoría faltan componentes para estar mínimamente equilibradas las diferentes cuerdas?.
Yo que le puedo decir, ¡que tampoco lo entiendo!.
Hay componentes que están en dos, tres y cuatro coros diferentes, vamos, que tienen una agenda de trabajo… que ni los profesionales.
Y digo yo…¿no sería mejor tener menos agrupaciones y más completas, con más calidad al tener las diferentes cuerdas más equilibradas, entre otras cosas?
¿No sería mejor compartir en lugar de competir?, hablamos de agrupaciones amateurs, aunque estén dirigidas la mayoría de ellas por personas que cobran.
Con tanta agrupación, evidentemente se escucha en muchas ocasiones las misma obras, y es «curioso» comienza una obra en un grupo y al final del año cantan la misma obra un montón más… y espectadores, muchas veces los mismos, escuchando diferentes versiones, porque eso si, arreglistas sin pudor tenemos para dar y regalar.
Hace poco me traen unos alumnos un… despropósito, que no una adaptación como pone esta persona en la partitura, ¡adaptación del Ave Verum de Mozart para tenor, tenor segundo, barítono y bajo, y se permite la osadía de variar la voz del bajo de como la escribió Mozart!.
Para colofón escribe triunfal su nombre bajo el de Mozart con su fecha de nacimiento, ¡ole!¡ole!¡ole! Evidentemente en mi clase no cantan eso ¡ni en broma! Pero no queda la cosa ahí, lo cantará un grupo que además es dirigido por un profesor del conservatorio…¡pachin!¡pachin!¡pachin! Y luego qué vamos a esperar…¡milagros!.