He comentado en muchas ocasiones, que todo alumn@ que viene a recibir clases de canto y declamación, recibe una formación profesional y que después cada un@ la enfoca de la manera que creé conveniente.
Me alegra enormemente saber que una persona, que en absoluto quiere dedicarse al canto o a la declamación de manera profesional, adquiera todos los conocimientos posibles de igual manera que si de un profesional se tratara.
Un ejemplo bueno, es la capacidad de crítica constructiva que puede darse y la capacidad de realización de dicha crítica constructiva dentro de un mundo que, en mi opinión, tiende tanto a la mediocridad.
Saber que el papel de una soprano o un bajo no debe de ser interpretado por una mezzo-soprano o una bajo-barítono es importante, esto cada vez está ocurriendo más y merma la calidad de una obra en gran medida.
También es un engaño, un engaño por el que pagamos.
Saber lo máximo posible sobre el trabajo correcto de una serie de órganos de nuestro cuerpo y disfrutar con ello, es maravilloso y está al alcance de casi todo el mundo que no tenga una limitación, tanto anatómica como fisiológica, que impida por completo dicha actividad.
No debemos nunca olvidar que las actividades que se convierten en profesión, nos dan una serie de ventajas, pero también de inconvenientes.
Ni son todos los que están, ni están todos los que son.
He conocido personas con voces y demás condiciones que hacen falta para cantar profesionalmente, que nunca han querido serlo y que han disfrutado de la actividad, estoy seguro no menos que sí lo hubiesen sido.
También he conocido profesionales que dejaron de disfrutar de la actividad al asumir su profesionalidad y comprobar que esta, no era como ell@s pensaban.
Si se trata de triunfar, el triunfo más seguro es el de disfrutar de la actividad.
