Normalmente el alumno tiene un conocimiento de su voz bastante escaso y distorsionado casi por completo.
La utilización de su cuerpo para la emisión de sonido vocal es mínima y errónea en la mayoría de los casos.
Cuando en algún alumno, y son muy pocos, se produce una mayor y mejor utilización del cuerpo para la emisión de la voz, se suele decir entonces rápidamente, que tiene buenas condiciones naturales para cantar.
Este hecho suele ir acompañado de una clasificación vocal realizada por el alumno, que no siempre está bien, pues él hace algo que le es fácil realizar, pero no piensa en cómo le sale, en la calidad del sonido que emite, ni cuanto más puede realizar.
Normalmente, el alumno tampoco tiene un punto de referencia claro en relación a la naturaleza de su voz, frente a la de las demás personas a las que escucha cantando.
Normalmente tiene unos gustos por unos cantantes o por unas obras de ciertos compositores, pero para nada sabe si las puede cantar bien o no, aunque pueda abarcarlas en un principio.
Por muy buena naturaleza dotada para el canto que pueda tener una persona, ésta, siempre tendrá que estar acompañada de la mayor cantidad de técnica posible, para así poder hacer perdurar todo cuanto sea necesario dicha naturaleza.
La técnica nunca sobra y siempre crece y las condiciones naturales tienden a decrecer.
Aunar ambas es lo apropiado, pero… por desgracia, suele suceder que, a mayor capacidad natural para cantar, menos trabajo técnico y eso conlleva lo que conlleva.
Una buena voz natural y un mal uso de ella, crea una tendencia encaminada a la destrucción de esa voz, en un principio bien dotada para la actividad del canto.
Claro que el ser humano es un animal cantor, pero no nace sabiendo cantar; tiene las condiciones y debe de aprender a utilizarlas.
Cuanto mejor aprenda, mejor utilizará su naturaleza para la actividad del canto.
