Siempre lo he dicho y lo continuaré diciendo, LAS CARENCIAS NOS LIMITAN Y LAS VIRTUDES NOS HACEN CRECER ILIMITADAMENTE.
La falta de información correcta, la falta de ganas de buscar la fuente, nos hará pasar sed.
Está claro que podemos ser más o menos ignorantes, en la mayoría de las ocasiones, a nuestro gusto y antojo. También está claro que no se puede saber de todo.
Creo que todos somos ignorantes en muchas cosas, pero lo somos en gran medida en las cosas o en los ámbitos que creemos que tienen menos importancia en nuestro día a día.
Cuando uno es ignorante en lo que le acontece de manera más cercana y además se jacta de ello…entonces subyace un problema grave que irá a peor sin remisión.
En relación a la voz, esta ignorancia, este desconocimiento por algo que nos es tan cercano, tiene diferentes orígenes.
El poder de observar nuestra voz sin que haya mediado ningún tipo de dolencia en ella, es inusual.
Al igual que a diario nos observamos cualquier parte del cuerpo para saber cómo está, unas partes más que otras, con la voz no hacemos lo mismo, es como si no formara parte de nosotros.
Sólo somos algo más conscientes de ella, cuando enferma y nos incordia.
Cuando nos da la satisfacción “mínima” pero de tan enorme importancia, como es hablar, parece que es debido… “a que tiene que ser así” …. PERO TAMBIÉN PODRÍA NO SER ASÍ ¿O NO?
Que se lo pregunten a ciertas personas que, debido a su dolencia con la voz, tienen que pensarse cómo hacer, para poder saludar de manera hablada.
Esta falta de atención desde un principio en relación a la voz ya nos da un punto de partida malo.
En la mayoría de las ocasiones, sólo comenzaremos a ser conscientes de la voz cuando tengamos dificultades con ella.
Esta premisa se cumplirá incluso en las personas que la utilicen más de lo habitual, o bien por ser su herramienta de trabajo o por hacer una actividad lúdica con ella.
Continuamos en el siguiente artículo.

La voz es salud, y como ella, la damos por sentada, efectivamente. Y no, es un lujo disfrutar de una voz sana, muy cierto.