Viniendo del artículo anterior, continuamos diciendo que la utilización de nuestra voz, como no nos llama la atención para bien en circunstancias de buena salud vocal, nos pasa a llamar la atención y mucho, llegando a alarmarnos, cuando comienzan los problemas con ella.
Ante una dolencia en la voz podemos comenzar a ser algo más conscientes de ella, pero lo que de verdad pasamos a ser es sufridores, en lugar de personas que disfrutan con su utilización.
Llegados a este punto entramos en la posibilidad de encontrarnos con ciertos peligros, además del que ya tenemos en forma de dolencia en una primera fase.
LO QUE NO MEJORA, EMPEORA.
Esta máxima, al menos en relación a la voz, que humildemente, es de lo que algo más puedo hablar, se cumple a la perfección, incluso cuando no hay dolencia.
La voz en su estado natural, sin dolencia alguna, CRECE O DECRECE, nunca se está quieta.
Ante esto siempre digo, que ¿por qué no hacerla crecer constantemente con todo lo bueno que esto nos puede aportar?
Desde que empezamos a notar la dolencia, debemos asistir al médico, que lo más normal es que nos derive al especialista de la anatomía de los diferentes órganos que intervienen en la creación de la voz, este especialista es el Otorrinolaringólogo.
Él será quien pueda observar cómo están las diferentes partes de nuestro aparato fonador y es también quien sabe cómo deberían estar.
Cada persona somos un mundo y no hay ningún aparato fonador igual, pero todos deben cumplir unos mínimos, mínimos que un especialista sabe calibrar perfectamente.
Claro que hay otorrinos que saben hacer mejor su trabajo y otros que quizá, lo hagan “menos bien”, pero como en todas las profesiones, yo quiero creer que prevalece siempre el querer hacerlo de manera correcta, pero equivocarnos, nos equivocamos todos.
Aun y así, es evidente que, ante un problema con la voz, lo primero que debemos hacer es visitar al otorrino y confiar en él, pero también preguntar y observar el resultado de su trabajo.
En el siguiente artículo continuaremos con otros peligros que nos pueden acechar en este periplo vocal en que nos encontramos.
