Es evidente que en este país no tenemos ni idea de lo que significa.
Da igual la actividad que se haga, podremos estar pendientes de muchas cosas, pero del sonido… cuanto más alto mejor.
No hace mucho tiempo, me encontraba paseando por la ciudad y de repente suena un estruendo horroroso en una plaza cercana.
Era una fiesta para niños, y allí estaban los niños con sus papás y mamás, todos tan felices, sin poder hablar y tapándose los oídos los padres.
Los niños jugando y sin ningún tipo de protección auditiva.
Todo esto patrocinado por el ayuntamiento de la localidad.
Vivimos en un mundo de ruidos, que no de sonidos, y de ruidos libres en el volumen de emisión.
Cuando se prohíbe algo en relación al volumen, es que éste ya es desorbitado, y sobre todo, hay una denuncia por medio de alguien que ya no aguanta más.
Normalmente, no hablamos, chillamos. En cualquier sitio de reunión, parece que se trata de a ver quién habla más alto.
Algunos establecimientos de hostelería, suelen tener la música altísima, es molesto sólo estar en el lugar, para que vamos a decir hablar en él.
No hablaremos ahora de lo que todo esto supone para la voz, lo haremos más tarde.
A toda esta situación, sí que le hemos puesto un nombre rimbombante, CONTAMINACIÓN ACÚSTICA, como solemos hacer, y después de ponerle nombre tan especial pues… así se queda, con una normativa que se incumple de manera continuada.
El nivel auditivo que tenemos desarrollado, normalmente es básico y de ahí en adelante lo vamos perdiendo.
Hoy, que he podido dar varios paseos por los parques de la ciudad donde vivo, he podido observar otro ejemplo más que resume bastante bien, la atención y concienciación de lo que nos importa el daño auditivo.
Un empleado de los jardines del parque por donde estaba paseando, estaba conduciendo un vehículo, un vehículo que trabaja rodeado de gente y que produce todo tipo de contaminación, y una de ellas acústica.
Hacía un ruido infernal. El operario lleva sus cascos de protección auditiva, y me ha parecido todo normal, excepto el tema de la contaminación, de todo tipo, que dicho aparato hacía a los demás.
Lo que me parecía normal, ha dejado de serlo en un momento.
El operario ha parado la máquina que conducía, se ha bajado de ella para realizar otra función y se ha quitado los cascos de protección auditiva.
Cuál ha sido mi sorpresa al ver, que debajo de los cascos de protección auditiva llevaba otros cascos de inserción en el oído para escuchar… lo que estuviese escuchando y evidentemente, y dada la situación, el nivel de raciocinio del individuo, me imagino ya el volumen al que lo debe de estar utilizando.
Para muestra un botón.
En el próximo artículo, os contaré cómo reaccionamos ante este tipo de contaminación. No os lo perdáis.