Siempre decimos que, a la hora de comenzar una partitura nueva, o también alguna que esté un tanto viciada, lo primero que tenemos que delimitar son las respiraciones a realizar, o también lo que podemos llamar, los fiatos.
Con esto tampoco se trata de hacer una competición de a ver quién aguanta más sin respirar, eso no sirve para nada, se trata de cumplir con el fraseo que dice la obra, como mínimo.
¿De qué sirve hacer un fiato enorme, si nos agotamos y después no somos capaces de continuar con la siguiente frase?
Si cuanto terminamos el fiato, no tenemos fuerza para hacer la siguiente cogida de aire, de manera correcta y lo hacemos mal, estaremos limitando el funcionamiento vocal en gran medida.
Siempre he dicho que es más fácil cantar haciendo un buen fiato, pero un buen fiato es el que verdaderamente estamos en condiciones de hacer sin forzar.
Debemos comenzar por hacer obras que podamos abarcar bien, en relación a la frecuencia respiratoria que tengamos en el momento.
No se trata de elegir obras con más o menos notas extremas, que puedo o no puedo dar. De qué sirve ser capaz de dar la nota extrema de una partitura, si te estas ahogando por el camino.
Preparemos bien nuestras frases de la obra en relación a la respiración, y con ello podremos incorporar a dichas frases todo cuanto sea necesario.
Fiatos ¡sí! pero los necesarios. He visto mucho querer alardear absurdamente de ellos y terminar fatal la cosa.
El fiato tiene que embellecer una obra, tiene que estar acorde con ella y normalmente con los que marcan los compositores es más que suficiente.
El verdadero problema es cuando no se respetan los mínimos marcados por el compositor.