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Que le pregunten a quien lo sufre. Otra dolencia vocal

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Hace un tiempo vino a clase una persona, con una cuerda paralizada.

Llevaba sufriendo en sus propias carnes la dolencia y sobre todo el abandono de ciertas instancias hacia él demasiado tiempo.

Comenzó las clases de canto y declamación y mejoraba, a la vez que, con ello, se sentía más feliz y animado.

Como es una persona a la que le gusta hablar con la gente, un día en un bar, se encontró con una persona, del mismo gremio que había dejado de interesarse por él hace ya un tiempo, y le preguntó cómo estaba.

Él le contó lo que estaba haciendo y claro… más o menos vino a decir, que lo de la actividad que le estaba mejorando no podía ser, más o menos que no era de fiar y que tendría que volver a los tratamientos del sector que le había dejado como enfermo crónico de por vida y realizar de nuevo todo tipo de pruebas.

Con ello él ya estaría dentro del protocolo “oficial” y eso ya sería mejor.

Tras las nuevas pruebas correspondientes, el señor empeora muchísimo, tanto que pierde en un mes aproximadamente más de dieciocho kilos y puedo dar fe, que no le sobraba ninguno antes de esta perdida.

Eso sí, lo sucedido estaba dentro del protocolo “oficial”, con lo cual todos más tranquilos, menos él, que es quien lo sufría.

A todo esto, evidentemente se le aconseja que continúe con el protocolo “oficial”, que lo único que ha sucedido es que se han cometido algunos errores, pero vamos, que hay que esperar la evolución.

La evolución a mejor no existe y el asunto se complica con temas cardiológicos, eso sí, siempre dentro del “protocolo”.

Del tema inicial, que era recuperar la voz y poder realizar una vida normal, nada más que hablar, nunca mejor dicho, pues lo siguiente se convierte en un auténtico calvario de otro sinfín de dolencias.

A todo esto, él quiere acabar con dicho calvario y comenzar de nuevo con las clases de canto y declamación, las cuales le habían sentado bien y él lo notaba, pero… estas clases están fuera del ya mencionado “protocolo”.

Y este “protocolo oficial” también contagia a los familiares, que evidentemente creen que hay que seguir el dichoso protocolo, que no muestra resultados positivos por ningún lado y que las consecuencias, en este caso malísimas, son más o menos las que tienen que ser, para eso estamos dentro del “protocolo oficial”. Es evidente, que dichos familiares no sufren en sus propias carnes lo que está sufriendo el afectado.

Por favor, quien lo sufre es quien mejor sabe lo que le ocurre, ¿POR QUÉ NO LOS ESCUCHAMOS UN POQUITO MÁS? Al fin y al cabo, son ellos quien lo sufren más directamente.

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