Yo al menos así lo creo y en días de descanso, tomo muchas decisiones en relación a diferentes tareas, y una de ellas es la elección de repertorio.
El repertorio de los alumnos, lo selecciono y se lo doy a mirar, para ver qué les parece.
Si no les parece bien, pero es bueno para su voz… pues se queda, les guste o no.… ya les gustará.
Este repertorio solo es una parte, es la que yo elijo para que hacer trabajar más la voz, es más técnico que la otra parte que eligen ellos.
En la elección que hacen ellos de su repertorio, yo sólo participo en el caso de que hayan elegido un repertorio que no les vaya bien a sus voces y les pueda dañar, si no es así… para gustos los colores.
En el descanso podemos pensar en cómo han evolucionado las voces y también en lo que nos apetece hacer y que antes no podíamos, pero ahora sí.
La voz crecerá en el descanso, después de haber realizado un buen trabajo y nos lo mostrará cuando de nuevo comencemos el curso.
El alumno cada vez conoce mejor su voz y los retos nuevos que puede acometer, el hecho de programarlo ya es muy importante y bonito.
Decíamos en un artículo anterior, que uno de los deberes era pensar en la importancia de la respiración.
Ahora comento otra actividad para pensar en el verano, y esta no es otra que aprender a bajar la mandíbula de manera relajada.
La mandíbula es un punto conflictivo en la actividad del canto, y debemos saber manejarla a la perfección.
Pensar en ello y hacer algún ejercicio básico como leer en voz alta, inmovilizando el labio superior con un dedo, para así hacer más fácil la bajada de la mandíbula, es sencillo y no tenemos que emplear en ello más que un rato corto al día o cada varios días.
También es muy sencillo leer en voz alta frases completas teniendo nuestro tórax abierto.
Y si ya somos capaces de practicar el descenso de la mandíbula con el tórax abierto, pues mejor que mejor.
Siempre es mejor poquito tiempo y casi todos los días, el resultado será muy beneficioso para el principio de curso.