Con humildad, siempre se aprende
Siempre debemos ponernos en el lugar del alumno, desde ese momento nosotros también seremos alumnos. Debemos saber lo que quiere y lo que tiene.
El alumno puede estar confuso, pero nosotros no, en referencia a los principios por aplicar. De lo que quiere el alumno a lo que tiene suele haber una distancia, se puede medir y explicar dicha distancia.
La base de esa medición será el tiempo. Toda cantidad de aprendizaje debemos «diluirla» en el tiempo. El aprendizaje en su tiempo debido será la mejor base desde donde partir.
En el comienzo de la docencia, podremos ver perfectamente la forma del alumno por conseguir su objetivo. Cada persona es un mundo y sus reacciones en el aprendizaje también. En el caso de la voz, nos daremos cuenta pronto de las condiciones naturales de la persona para la realización de la actividad.
Cuando hablo de condiciones naturales me refiero en primer lugar a :
- Las mentales
- Después las emocionales
- Y por último, las vocales
Vuelvo a repetir algo muy importante que he mencionado en otros artículos con anterioridad.
La cabeza manda, y sobre todo en el aprendizaje
Estamos en la piel del alumno, que comienza la actividad del canto, un alumno que tiene unas necesidades que satisfacer y lo comienza a realizar con nosotros. En este punto de partida evidentemente será muy importante si es niño, joven o adulto y dentro de estas categorías, si estamos en edades «límites de ellas».
Vamos a construir las bases, la cimentación de toda una buena enseñanza de una actividad, debemos estar muy atentos a toda la información que nos llegue, y todo lo que nos llegue es factible de analizar y de no echar en olvido.
Toda la información que necesitemos nos la dará el alumno, hay que saber observar y escuchar.