De alumno a profesor y del profesor a alumno, en mi opinión, claro que hay mucho de acto de fe en cada parte, en relación a la actividad del canto, ¿y en qué actividad de docencia no la hay?
Pero también opino, que ese acto de fe tiene que estar fundamentado, y me explico.
Desde el docente, hay que tener muy claro y ser honesto, en relación a lo que podemos hacer para ayudar a un alumno y desde el alumno, este, debe tener muy claro lo que quiere conseguir recibiendo cierta docencia.
Si esto no es así en las dos partes, nos encontraremos con un problema que puede derivar en consecuencias bastante negativas en todos los aspectos.
Tener fe en alguien, en su manera de trabajar, en sus conocimientos, creo que es algo que debe de ir creciendo con el tiempo.
Podemos tener cierta información de la persona, pero, como decía, esta información se debe ir confrontando a través del tiempo de trabajo.
Siempre debemos estar alerta y expectantes a toda la información que recibimos y valorar los resultados que obtenemos. El primer y principal aspecto de valoración de nuestros resultados es LA SALUD.
Si la persona había perdido la salud por ejercitar mal la actividad y ahora, ejercitándola correctamente, la ha recuperado, no se puede tener mejor resultado que confirme que estamos ejercitando bien la actividad y con una persona que está sabiendo realizar su trabajo.
A partir de mantener la salud como aspecto principal, será el repertorio quien nos marque una buena pauta de progreso a seguir.
El repertorio en relación al canto, es amplísimo, podíamos decir que casi ilimitado y la posibilidad de crecer, en este caso sí, ilimitada.
Con lo cual, si priorizamos la salud y crecemos ilimitadamente en el repertorio, el acto de fe que estamos haciendo con la persona que nos ayuda a conseguir esto es más que justificado.
