Dentro de la declamación, nos podemos encontrar con otra forma más, que también es muy interesante, como es el diálogo.
Si nos ponemos a realizar una lectura a primera vista de un diálogo… el resultado suele ser un diálogo del absurdo improvisado.
Aunque en un principio no tengamos un buen resultado de la prueba que comentamos anteriormente, es muy buen ejercicio de declamación trabajarlo y pronto lo comenzaremos a dominar.
Una de las dificultades estriba en lo poco conscientes que somos, en nuestro día a día, de los diálogos que mantenemos.
No le prestamos el más mínimo interés en lo que en si significa un correcto diálogo para nuestro interlocutor y para nosotros.
Enseguida decimos: «yo soy así y así me expreso», «lo que importa es el sentimiento con que lo digo» etc….
¿Y quién nos dice a nosotros que somos así y por eso nos expresas tan mal?…
En muchas ocasiones, todo es debido a que estamos convencidos de que somos así y que no está mal, y sobre todo, que no tenemos nada más que hacer para expresarnos mejor, porque ya lo hacemos estupendamente.
Y además pensamos que nuestro interlocutor nos entiende todo, y que tiene una imagen de nosotros, «estupenda de la muerte».
¿Por qué vamos a pensar, que el interlocutor que nos ve y escucha por primera vez, puede estar pensando que «nos falta un hervor» o algo por el estilo?
Vengo ahora mismo de estar en una oficina bancaria, y como hay que esperar tanto, pues he tenido la oportunidad de escuchar una conversación a viva voz, debido a que el dependiente bancario ha puesto el manos libres en el teléfono, y como estaba tan sobrado, se ha puesto en pie, sin prestar mucha atención al mensaje que estaba emitiendo y caminando por el despacho ha soltado la parrafada…
La verdad es que ha quedado un poco en ridículo… no podía ser de otra manera y ahora explico el porqué.
Continúo, suena la llamada y contesta al otro lado del teléfono una voz de mujer, nítida y cristalina a pesar de escucharse por el teléfono. Se notaba que estaba a lo que estaba, a transmitir y escuchar.
Ella sí que transmitía, pero no podía entender el mensaje que le llegaba…
¿Cómo iba a entender el mensaje a través del teléfono, si los que estábamos con un mínimo cristal de separación, detrás del que le estaba hablando, no le llegábamos a entender del todo? aunque pareciera que nos lo estaba diciendo a nosotros.
La mujer, al otro lado del teléfono, como no le entendía, volvía a preguntar lo mismo, y él repetía una y otra vez la misma monserga, y cada vez peor…
-será el teléfono, dice el dependiente bancario,
-pero claro el suyo, porque por el mío se le oye a ella estupendamente… continúa diciendo
La situación era digna de ser representada por un clown…
¿Se ha enterado de algo este «muchachito» de lo que ha sucedido?
¡¡¡¡No!!!! Y así continuará.
La imagen que nos ha dado a los que estábamos allí, es de….
¡¡Qué no me atienda este por favor!!…
Y esto es injusto, porque estoy seguro que es un buen profesional y trata de mejorar, pero… no se da cuenta de algunas cosas tan importantes, sobre todo en alguien que tiene que transmitir para captar clientes.