Como decía en el artículo anterior, estoy contento con la última representación de ópera en directo que he visto.
Si señor, estoy contento y así lo digo.
Yo no sé, ni me interesa evidentemente el caché del señor Fabiano, pero desde luego opino que se lo merece.
Hemos ido a la ópera y hemos oído cantar y cantar bien, sobre todo en referencia a este señor y algunos más.
También hemos visto una escenografía, en mi opinión muy «arregladita», vistosa, agradable, original, y cómoda, tanto para los músicos en general, como para el público.
Ni cantantes haciendo de trapecistas, ni directores de orquesta y foso de músicos en peligro de desprendimiento de maquinaria subiendo y bajando, con ruidos de ésta de fondo etc.… y que encima dicha maquinaria tiene un coste… que cualquiera sabe.
Yo sinceramente, prefiero la escenografía que he visto, prefiero algo más sencillo y más económico y también prefiero que si hay que hacer un mayor desembolso económico, se haga esto especialmente hacia los músicos, en los que siempre evidentemente, incluyo a los cantantes.
Uno se cansa de ver grandiosas y faraónicas escenografías con repartos de cantantes y orquestas más que mediocres, y también se cansa uno de oír que no llega el presupuesto… ¿no llega para qué?
Una escenografía grandiosa y faraónica con un mal reparto de músicos, no sirve para nada.
Una escenografía sencilla y digna, imaginativa, con un buen reparto de músicos se convertirá en una pieza importante dentro de todo un gran espectáculo.
Si quiero ver obras monumentales y con música, me pongo unos cascos y me voy a otros lugares, donde seguro que hay elementos más monumentales.
Pero si quiero oír obras monumentales, me voy a un teatro preparado para la ocasión, la ocasión de escuchar música dentro de un entorno adecuado a sus posibilidades.
(Imagen de cabecera: Deutsch: Blick über die Bühne des Hauses für Mozart Salzburg in den Zuschauerraum, Autor: Martin Kraft)

