Recuerdo cuando algunos de nuestros mayores pensaban que dentro de un aparato de radio había una persona que hablaba.
También recuerdo a más de uno de nuestros mayores hablando con un contestador automático pensando que era una persona.
Nos reíamos de esa ingenuidad pensando que nosotros no éramos tan ingenuos.
¡¡Ya!!, no sólo somos ingenuos, cándidos y flojos de memoria, sino, que lejos de asombrarnos y preocuparnos de nuestra ignorancia, como hacían nuestros mayores, ante ciertos avances tecnológicos, de los cuales recelaban y mucho, nosotros nos creemos que los dominamos y no recelamos lo más mínimo, confiamos en ellos al cien por cien y así nos pasa.
La mayoría de los jóvenes que vienen al estudio a aprender a cantar vienen pensando en copiar lo que escuchan, pensando que lo que escuchan es real… madre mía que candidez.
En la mayoría de los géneros musicales que se escuchan en la red, lo que se escucha está “filtrado”, no es como suena en la realidad.
La persona que pensaba en su tiempo que como podía meterse alguien en un aparato pequeño para hablar, con relación a la radio, tenía sus dudas, al menos por el espacio físico, pero cuando escuchamos en la actualidad cantar a alguien por la red, no tenemos ninguna duda de que no es del todo real lo que está sucediendo, entonces ¿quién es más ingenuo, más cándido…?
Criticábamos que nuestros mayores obedecían a todo lo que decía el telediario, claro que ocurría así, sobre todo cuando sólo se tenía una cadena de televisión y el porcentaje de analfabetismo en la población era alarmante.
Ahora sin analfabetismo obligado, muy afortunadamente esto, lucimos un analfabetismo voluntario, ¡¡¡ooooleee!!! Que poco ingenuos y cándidos somos con relación a nuestros mayores ¡¡eeehh!!, es lo que pensamos, que ingenuos nuestros mayores y que listos nosotros.
Cuando no se tienen más opciones, elegir lo que te ponen es prácticamente obligación.
Cuando se tiene para elegir y eliges lo que te dicen sin más, es prácticamente ingenuidad, candidez…. y otra palabra más que os la dejo para vosotros que luego me dicen que debo de ser menos ofensivo, ¡¡ ay, madre!! ¿a qué llamaremos ofensa?
Pero claro si esta ingenuidad y candidez y la palabra que queráis añadir es un rango del que presumir, venga acá un bonito grado de ingenuidad, candidez y la palabra a añadir, que está muy pero que muy asequible y a buen precio.