Hace tiempo leí un artículo en el que el ya fallecido maestro D. Jesús López Cobos comentaba que se había vivido, en la ópera, la hegemonía de los cantantes, después la de los directores y ahora la de los directores de escena.
Y yo me pregunto, ¿Cuándo la hegemonía de los compositores?
Y….yo solo me respondo, ¡¡nunca!!, no le interesa en absoluto a la mayoría de los actores que intervienen en este circo.
Hemos montado un circo sobre una base, sin la cual este circo no existiría y después, esa base… nos… importa un bledo por, no decir otra cosa mal sonante.
Creo que se podría hablar en este sentido de las diferentes partes que utilizan este circo y luego hacen lo que les viene en gana, pero yo creo que, por mi humilde conocimiento, debería hablar de lo relacionado más directamente con los cantantes.
Tenemos en el caso de los cantantes varias maneras de desvirtuar la partitura original o el trabajo del compositor.
Una, por virtuosismo mal empleado o abuso de este, donde no corresponde.
Esta costumbre, muy realizada durante la hegemonía de los cantantes, dejó lo que se denomina, “una ejecución como manda la tradición”, que no como manda la partitura.
En la actualidad ciertos momentos de ciertas obras, si se realizan como dice la partitura y no como dice la tradición, tendríamos un problema.
Un ejemplo puede ser el aria del tenor en la ópera Rigoletto, “la donna é mobile”.
Ese famoso final de dicha aria, no está escrito por Verdi, pero atención, si a un tenor se le ocurre no ejecutarlo como manda la tradición… creo que tendría algún que otro problemilla.
A esta ejecución que no está escrita en la partitura, se denomina una ejecución según la tradición.
Esto que sucede en esta parte de esa obra y en otras muchas más, comenzó a producirse, cuando un tenor, se apropió de la partitura y en un alarde vocal, ejecutó en una función, esta famosa aria con dicha terminación, denominada de tradición, ejecutando un agudo que para nada está escrito por el autor.
Debió gustar mucho al público y se quedó instaurado como tradición.
Desde luego, en mi opinión, estudiando un poquito el personaje, es evidente que no tiene sentido esta forma de terminar esa aria, no olvidemos que el duque de Mantua no es Rigoletto, ni mucho menos, con lo cual, en mi opinión, fuera de un alarde vocal que, para un recital, puede lucir mucho…, yo no le veo el mismo sentido en una representación.
Continuamos en el siguiente artículo

