Nos ocurre en muchos momentos a la hora de exponer un texto, tanto en teatro, como en otro tipo de exposiciones laborales y demás eventos, que nos quedamos en blanco, nos falla la memoria.
Y si nos falla en partes básicas del discurso, estamos perdidos.
Hacer un esquema básico, de lo que tenemos que declamar, nos evitará entre otras cosas, no olvidarnos de partes muy importantes y principales para el desarrollo del discurso.
Si tenemos las partes más importantes desarrolladas y se nos olvida algo de lo que estaba en el interior de dichas partes principales, es evidente que tendrá una importancia menor, puesto que estas partes principales darán coherencia al texto por si solas.
Esos bloques o partes principales, tendrán unas palabras o frases a recordar, pero al ser pocas, las tendremos siempre fácilmente memorizadas y tras decirlas nos dará pie a más partes del texto que nos vendrán a la memoria y así sucesivamente, llegando con ello a tener prácticamente completo el texto a trabajar.
Como hemos dicho anteriormente, aun olvidándonos de alguna parte, que no sea principal o básica, el texto tendrá coherencia, aunque sea más escaso en contenido de lo que tenía que ser.
Si esto nos ocurre en la exposición de un tema laboral, no teatral, podríamos una vez expuesto el esquema básico y recordando poco a poco lo que nos faltaba, aumentar la exposición anterior con el nuevo contenido olvidado y sobre el esquema anteriormente mencionado.
Toda exposición tiene unos puntos clave que darán sentido al discurso y que son los que, mayormente, tenemos que tratar de tener memorizados.
En relación a una obra de teatro, estos no tienen que ser muchos y deben de ser los que nos abran el camino para ir recordando todo el texto adyacente a dichos puntos clave.