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Y una y otra vez lo mismo. Hablamos ahora sobre la música ligera

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Escuchando a los alumnos que cantan música ligera, se puede observar la forma de componer de no pocas canciones de este género.

Por no decir otra cosa, voy a decir que me parece curiosa dicha forma de componer, cuanto menos.

Hay muchas cosas que observar en este sentido, y una de las que últimamente me ha llamado la atención, es la costumbre de subir un tono, cuando no más, la misma parte de la canción que antes se estaba cantando un tono más abajo, se suele hacer, cuando se está llegando al final de la obra, haciendo esto como modulación a otro tono.

Es evidente, que, con esta maniobra, no se tiene muy en cuenta el instrumento vocal.

Para que la voz a la que está destinada la canción, pueda abarcar la parte más aguda de esta fácilmente, incluyendo (el “tonito subido como modulación”), se suele bajar toda la canción, obteniendo como resultado con ello, una parte aguda más cómoda y una parte grave incómoda y con poca calidad vocal, más bien dará la nota y ya está.

Y nunca mejor dicho, DARÁ LA NOTA.

Esta forma de proceder a la hora de componer una obra musical dentro del género ligero, coincide con que se da en un segmento de la actividad del canto, donde las voces están menos preparadas técnicamente.

Por todo ello, sucede con mucha frecuencia el hecho de mala calidad vocal en la interpretación de las obras de dicho género, y no precisamente porque no haya buenas voces, porque si hay voces buenas, es más bien debido a la mala utilización de éstas y a la mala elección de las obras.

Tenemos casos en que un propio/a cantautor se hace daños con las propias canciones que ha compuesto para él/ella mismo/a y esto siendo profesionales de renombre. ¿Por qué?

Por desconocimiento grande de los instrumentos con los que trabaja.

Para quien lo entienda. En mi opinión, creo que no hay que dejar de aprender nunca.

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