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Me da vergüenza y no lo sabía

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Hablando con alumnos que se dedican al mundo del teatro, me comentan los ejercicios didácticos que hacen para…muchas cosas, entre ellas la de perder la vergüenza.

Suelen ser la mayoría de ellos ejercicios de movimientos, en los que se incluyen volteretas, saltos y demás.

Tienen muy claro la mayoría, que no tienen vergüenza cuando actúan.

Es más, es bastante utilizado por las personas que tienen mucha vergüenza en general, ante casi cualquier situación y como posible solución, el apuntarse a talleres o grupos de teatro.

Bien, hasta mí suelen llegar estas personas cuando necesitan hablar mejor de lo que lo hacen, estando ya en esta disciplina del teatro o por desgracia también, cuando se han hecho daño hablando mal en dicha disciplina.

Pero ahora nos vamos a centrar en la cuestión de la vergüenza.

Ocurre lo siguiente, les digo que tienen que abrir la boca para hablar y cantar bien y… misión imposible durante un tiempo.

¿Qué ocurre?

Se tiene vergüenza a abrir la boca y se dan cuenta en ese preciso momento. Se tiene vergüenza a abrir la boca para cantar, para declamar, para…

Este ejercicio de movimientos, tan sencillo y tan práctico, parece que no está en alguno de estos manuales de movimientos teatrales, debería de estarlo y practicarlo correctamente.

Es evidente que no me refiero a chillar, que he podido comprobar que se hacen ejercicios de chillar para… desinhibirnos… ¡aaaaaaaaaah! ¡Sano, sano! Este procedimiento.

Bien, lo digo y lo repito. No se suele saber abrir la boca correctamente para emitir un sonido y que este no nos dañe.

En la mayoría de las ocasiones que se le dice a una persona que abra la boca sin forzar, esto se convierte prácticamente en una misión imposible y eso que se le pide sin que emita sonido.

Si ya se le pide que emita sonido abriendo la boca… ¡apaga y vámonos!

Pero eso sí, damos unas volteretas estupendas en nuestros ejercicios de teatro, y no digo que esto esté mal, no, en absoluto.

Digo que, igual que se aprende a dar volteretas para hacer teatro, pues que se aprenda a hablar correctamente sin tener vergüenza por ello.

A mí, personalmente el teatro de mimo, me gusta y el que no es de mimo también.

En el de mimo me gusta el movimiento del cuerpo y su expresividad.

En el que no es de mimo, además del movimiento del cuerpo me gusta escuchar una correcta ejecución vocal.

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